
En el año 2000 Sabino Méndez cumple al fin su sueño de convertirse en escritor, en escritor de libros se entiende ya que llevaba más de 20 años siendo uno de los mejores compositores del panorama musical español, obra que podemos oir en los discos de Loquillo & Trogloditas, grupo del que además era guitarrista ("Cadillac solitario", "El ritmo del garage", "Rock and roll star", "La mataré", y un largo etcétera). Méndez siempre tuvo ínfulas de superioridad en el mundo rocker por su cuidada educación y por su cultura superior a la media. Se creía no merecer el destino que le había tocado como simple escritor de canciones de rock cuando pensaba que había sido agraciado con el don que guiaba a los grandes maestros de la literatura universal, no le bastaba el humilde halago de todos aquellos que admiraban sus obras maestras musicales porque muchos de ellos llevaban tupé; él lo que quería (y sigue queriendo, pues aun no lo ha conseguido) es el aplauso unánime del mundillo intelectual y literario. Así que escribió este libro autobiográfico centrandose en sus años en la movida musical de los años 80, sobre todo en el mundo rocker, y llevándonos despues a su descenso a los infiernos de la mano de la heroina. Es un libro bien escrito que puede resultar curioso para conocer diversos aspectos del mundo del rock y de las drogas pero Méndez es tan pedante, tan ansioso por demostrar todas las palabras que se sabe y todo lo que ha leido, que dan ganas de matarle: "Me hubiera gustado explicarle (a Animal) que él tenía la misma panza oronda de Falstaff, la misma retranca pícara de Pablos o Lázaro, la inclinación sentimental de Sancho Panza". En fín, de un tío que nombra a Heráclito cinco veces en un libro, trate de lo que trate, poco más se puede decir al respecto, pero más grave es que sea una obra llena de rencor y de envidia. Así es, este yonqui siente una envidia enfermiza por Loquillo al que en ningún momento del libro llama por su nombre, refiriendose a él como "el actor", "el cantante",... Penoso, porque era un amigo de toda la vida y, sobre todo porque Loquillo será lo que sea pero nunca habló mal de Sabino en público (ni ha hablado despues de la publicación del libro) a pesar de que razones no le faltaban. Inexplicablemente Méndez también ataca a las composiciones que su amigo Ricard Puigdomenech hace para el grupo, como si solo las suyas pudieran ser motivo de elogio, olvidando mencionar de paso que Puigdomench se vió obligado a componer solo y sin ayuda (a pesar de su sordera) porque el señorito Méndez se estaba metiendo cositas directamente en vena y estaba hecho un piltrafa. De todas formas, si te gusta leer, si te gusta el rock and roll y si siempre te ha caido mal Loquillo, leete este libro.
En el programa "La edad de oro" en los 80 se entrevista a Loquillo y Sabino. Eran otros tiempos.