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lunes, 29 de noviembre de 2010

"Amor a quemarropa" (Tony Scott, 1993)

Quentin Tarantino urdió uno de sus geniales guiones de su primera época, este "True romance", pero otros compromisos le impidieron llevarlo a cabo por lo que se lo cedió a su productora para que otras manos lo filmasen. Lo malo del asunto es que el encargado de llevarlo a la pantalla fue el inutil de Tony Scott, hermano tonto del irregular Ridley, que se había formado en la dirección de video-clips y, por tanto, junto a su falta absoluta de talento, no estaba capacitado para adaptar la magnífica obra de Tarantino. Esta trata sobre un chico algo solitario llamado Clarence, interpretado por Christian Slater, cuyas dos grandes pasiones son el cine y Elvis, hasta el punto que el Rey del Rock se le suele aparecer, a modo de fantasma o de alter ego (interpretado por Val Kilmer, que tararea para la ocasión el "Heartbreak hotel" del Rey). Esto no queda claro, pero es una revisión de lo que ocurre en "Sueños de un seductor", de Woody Allen, entre su protagonista (el propio Allen) y Humphrey Bogart (en su papel de Rick en "Casablanca"), en la cual su ídolo muerto le aconseja incluso en los trances más nimios. Este Elvis, sea fantasma o conciencia, aparece siempre vestido como en su primera etapa, la del traje de lamé de oro, siendo de agradecer que se huya del prototipo de los 70, por una vez. Pues bien, Clarence conoce a una prostituta (Rosanna Arquette) y se enamora de ella, pero al intentar liberarla de su proxeneta (un Gary Oldman más malvado que nunca) se meterá en un lio tremendo de drogas y mafia del que solo podrá salir a tiro limpio. Viendo el film se deja sentir la huella de Tarantino en algunos diálogos (algunos ya usados por él en su corto de principiante "My best friend´s birthday", donde el amante de Elvis protagonista también se llama Clarence -la faceta rocker de un juvenil Tarantino es muy evidente en esta pésima y confusa cinta-), expresiones memorables (ese, "¡Hey, no seas tan guay conmigo!" de un colocado Brad Pitt sea posiblemente lo mejor del film) o escenas de acción, pero la alarmante incompetencia de Scott convierte el duelo interpretativo entre dos genios como Dennis Hooper y Christopher Walken en una conversación idiota y pesimamente iluminada. El tiroteo final parece más de chufla que de otra cosa y, lo más grave y lo que más nos toca: la banda sonora. De todos es conocido el gran acierto de Tarantino al cubrir esa faceta, generalmente escogiendo con esmero y brillantez temas antiguos olvidados que sabe recopilar y enmarcar en las escenas con precisión. Esa es una sus características de estilo y para esta película había pensado, como es lógico, una selección de temas más o menos oscuros de Elvis. Pero claro, Tony Scott, un tipo cuyos mayores logros en el cine habían sido desastres naturales como "Top gun" o "El último boy-scout", pensó que él tenía más talento y en vez de ello introdujo una banda sonora a base de órgano, monótona y festiva ("Wounded bird" de Charles & Eddie, "I want your body" de Nymphomania, "White wedding" de Billy Idol y, sobre todo, el "You´re so cool" de Hans Zimmer, espantoso tema principal del film), o bien presuntuosamente indie ("In dreams" de John Waite o "I need a heart to come home to" de Shelby Lynne), o bien peste étnica ("Raga yaman" de Clem Alford) o directamente heavy ("Outshined" de Soundgarden o "The other side" de Aerosmith) tan horribles que solo de pensarlo me hierve la sangre. ¡Pero si aparece hasta un rap en la peor expresión de la palabra! ("They can´t get enought" de The Skinny Boys). Aun así, durante breves momentos que obligan a estar atentos, podemos y debemos salvar de la quema algunos grandes temas, como el bonito homenaje a Presley "Graceland", de Charlie Sexton, la balada "Two hearts" de Chris Isaak, las versiónes que hace el imitador del Rat Pack Jerry DelMonico para la ocasión ("Everybody loves somebody", "All the way" y "Learnin´the blues"), la que hace Robert Palmer de otro tema de Sinatra, "(Love is) A tender trap", y el habitual recurso a los clásicos, con "A little bitty tear" de Burl Ives, el "Will you love tomorrow" de Las Shirelles, y el "Chantilly Lace" de Big Bopper. A pesar de ellos el resultado final es un bodrio dificilmente salvable que encima produce tristeza de ver si te pones a pensar la obra maestra inolvidable que un Tarantino menos impaciente de sacar dinero por sus guiones (para otros proyectos) podría haber hecho. En cuanto a Scott siguió haciendo bodrios hasta que se suicidó tirándose de un puente en 2012.