miércoles, 26 de marzo de 2014

"Mister Rock & Roll" (Charles S. Dubin, 1957)

Uno más de los vehículos de promocíon cinematográfica del rock and roll durante los años 50, en este caso con una calidad por debajo de la media, a pesar de contar como maestro de ceremonias al padrino del género, Alan Freed, y a un buen puñado de grandes estrellas. A pesar de la importancia que puede tener como documento de sus actuaciones, la película fracasa por una dirección lamentable, un guión casi inexistente y una elección de canciones de los más estúpido. En principio hay falsas esperanzas gracias a una introducción simpática e inteligente a cargo de Lionel Hampton, explicando de forma breve y por medio de primitiva animación como acababa de surgir el rock and roll a base de mezclar otros géneros populares (en el tema que da título a la película). Tras los bonitos títulos de crédito vamos directamente al festival de verano de Alan Freed en el teatro Paramount de Nueva York. Y es que la cinta gira en torno a este espectáculo, con Freed como presentador de las diversas estrellas, o proyectos de estrella, del citado espectáculo, desde que empezó a dar a conocer el rock and roll en Cleveland hasta que triunfa en Nueva York (por medio de unos flashbacks nunca tan pobremente realizados). Y digo lo de proyectos porque en principio el film es en realidad un mero instrumento para promocionar a Teddy Randazzo, ex-cantante de Los Three Chuckles (vease) al que se quiere lanzar como una especie de nuevos Elvis o Vincent, a los que trata de copiar, pero en soso. Para ello cuenta como padrino con el mismísimo Freed, el famoso pincha-discos que acuñó el término rock & roll y que da título a la película, y al que podemos ver trabajando desde una emisora (aunque sea de pega), sin duda un gran documento histórico del film. Randazzo no convence más que a unas alocadas adolescentes con sus poco originales canciones medio tempos "Kiddio" y "Stop the Paradise". Bueno, a las chicas y a una periodista que le hace una entrevista para que los espectadores de las salas de cine le conozcan un poco mejor. La historia de amor que se desarrolla entre ambos se tratará de forma pobre y, de hecho, por momentos cualquier atisbo de este argumento hilvanado se olvida en pos de las actuaciones. Así es como tenemos la suerte de ver a Little Richard ("Lucille"), Chuck Berry ("Baby doll"), Brook Benton ("If only I had know"),y nuevamente Hampton, ahora con toda su big band ("Bravo bravo" y "Hey ba be re bop rock"). Clyde McPhatter está fino ("You´ll be there" y "Rock & cry"), pero Ferlin Husky parece más un crooner ajado que un rockero ("This moment in love" y "I´m dying a thousand times"), Frankie Lymon & the Teenagers eligen una de sus peores canciones del momento ("Love put me out of my head", mejor es "I´ll try") y a LaVern Baker se le impone uno de los temas que peor le pegaba ("Humpty Dumpty"), aunque es una maravilla oirla en "Love me right in the morning". The Moonglows, cantan "Barcelona rock", una canción que haría volverse tarumba a más de un independentista de estos sin la EGB terminada, ya que salen estúpidamente vestidos de mejicanos y diciendo cosas en español como "Mi sombrerou", "Caballerou" o "Señourita". A pesar del prometedor título es de lo peorcito de los Moonglows. En cuanto a Shaye Coogan ("Pathway to sin"" y "Walk together") directamente no sabemos que pintaba en este embolado. Entre tanto, como entremés, fuera del escenario y entre bastidores, se interpretan otras canciones por parte de las estrellas invitadas al desbarajuste. Así, los amigos-representantes de Randazzo (los cómicos Al Fisher y Lou Marks, pretendientes a la corona de Abbot y Costello), son un anti-heroe colectivo, una especie de escape risueño a la seriedad del protagonista, aunque la gracia que tienen roce la nulidad. No obstante cantan el tema paródico del rockabilly "Waikiki waki-hoo", que no hubiera sido todo lo horrible que se temía si no fuera por su empeño en hacer muecas y tonterias sin la más mínima vena cómica exigible a alguien del gremio payasil. También hace un surrealista cameo el gran boxeador Rocky Graziano, cantando a dúo con Randazzo "My love song", una absurda escena que solo se explica ante las espectativas del púgil de querer ser cantante también. Randazzo se quita la careta pseudo-rockera con su "Always the last one to love", demostrando que su pretensión no era otra que convertirse en un crooner de éxito, su voz bien lo valía, pero el engañoso medio empleado, esta mala película, no. El director, muy merecidamente, no volvió a trabajar en el cine, aunque no le faltó tarea en la televisión, currando en las principales series de la Historia de la pequeña pantalla (destacable su labor en "M.A.S.H."). Randazzo no triunfó como cantante, pero sí como compositor y productor, haciéndose millonario.
No debe confundirse esta película con el telefilm "Mr. Rock & Roll: The Alan Freed Story" (1999), que recomiendo, aunque sin entusiasmo. Ninguna de los dos se estrenó en España.


Un anuncio más que engañoso.