domingo, 17 de noviembre de 2013

Neo-rockabilly

 Rockers en la puerta del mítico tugurio Rey de Copas, en la Cartagena de los primeros años 80 (foto del autor)

La edad dorada del rockabilly puede decirse que comenzó en 1954 con los primeros discos de Presley para Sun Records, pues, duela al imbécil que duela, fue Presley quién transformó diversos acercamientos anteriores en el género más rompedor y fabuloso de la Historia de la música gracias a su talento para mezclar diversos estilos y darles un toque salvaje y juvenil. Todo ello acorde con su imagen y una manera de entender la vida. La mera visión de Elvis transformó la vida y carreras de millones de jóvenes, muchos de ellos músicos que hasta esos momentos estaban haciendo country, hillbilly, bluegrass o rhythm & blues. Es así como, a su sombra, salieron docenas de artistas de inmenso talento que aportaron muchísimo al género, y aunque bastantes de ellos quedaron tras el camino tras solo una o dos grabaciones otros se consolidaron en el mercado, convirtiendo el rockabilly en el género más popular entre en 1956 y 1958. Son nombres como Gene Vincent, Eddie Cochran, Ronnie Self, Ricky Nelson, Charlie Feathers, Carl Perkins, Johnny Cash, Jerry Lee Lewis, Billy Lee Riley, Ritchie Valens, Johnny Burnette, Buddy Holly, Janis Martin, Charlie Rich, Wanda Jackson, y un largo etcétera. El cine y la televisión se volcaron con él, así como las grandes productoras, convirtiendo lo que había sido un movimiento espontaneo en un negocio más, y controlándolo a su antojo y, por tanto, echándolo a perder poco a poco. Pero aparte de este virus que enfermó el rockabilly de forma lenta pero inexorable, se produjeron una serie de hechos concretos que lo debilitaron lo suficiente para que los ejecutivos pudieran poner sus sucias zarpas en él sin apenas resistencia. Así, Elvis fue quitado de la circulación el 24 de marzo de 1958 cuando le cortaron el tupé para cumplir la mili en Alemania. Menos de un año después Holly, Valens y el Big Bopper murieron al estrellarse su avión, y poco después les seguía Cochran tras un accidente de tráfico. El escándalo payola (vease) y otras desgracias personales terminaron de rematar el género, que fue transformado poco a poco en un inane movimiento para jovencitas en busca de guaperas que cantaran canciones inofensivas. Luego apareció el twist, el mersey-beat, el soul... de tal forma que se puede decir que el rockabilly prácticamente desapareció del mapa en Estados Unidos durante diez horribles años, de febrero de 1959 hasta diciembre de 1968 (refugiándose en tabernas y pequeños sellos del Medio Oeste Americano, sobre todo en Ohio e Indiana, y en paises europeos como Francia, Suecia, Finalandia y Gran Bretaña). ¿Qué pasó entonces? Que Elvis, resurgiendo de las cenizas de una larga y mediocre carrera cinematográfica, resucitó en un especial de televisión que asombró al mundo, recuperando su trono de rey del rock & roll y dejando en ridículo a tanto astro del pop, hippys de medio pelo y otras simplezas. De la noche a la mañana la gente se volvía a acordar del rockabilly y de los gloriosos años 50, dándose un pre-revivalismo en los primeros años 70. Primero, tras contadas excepciones como Floyd Fletcher ("Move on down the track"), Pete Martin ("You can´t take it"), o Rex Patrick ("Don´t hang in that woman noose"), aparecieron bandas que hacían del género una broma y una bufonada, como Sha-Na-Na en América y Showaddy-Daddy en Europa, pero pronto con la inclusión de temas de rock and roll en álbumes de grandes artistas del pasado que se habían reciclado en músicos country. Don McLean editó la emocionante oda a los buenos tiempos "American pie" (1971), un folk-rock cuya letra no puede por menos que estremecer a los rockers más curtidos, y poco después empezaron a emitirse por televisión programas dedicados en exclusiva al rockabilly y la música de los años 50, como el show de Richard Nader o el reciclado de un Dick Clark siempre al sol que más calienta, En Europa, por su parte, se hace la película rockabilly "That´ll be the day", protagonizada por el rocker británico Billy Fury. Mientras tanto, grupos de inmenso talento como Creedence Clearwater Revivial han hecho del rock and roll su bandera con gran y merecido éxito. De hecho, para octubre de 1972, y de forma irrepetible, grandes genios del rock & roll copaban los primeros puestos de las listas de éxitos en los paises anglo-sajones: Chuck Berry era número uno con "My ding-a-ling", Elvis era número dos con "Burning love" y Ricky Nelson ocupaba el sexto lugar con "Garden party". Ese mismo año un genial R&R clásico, "Crocodile rock", llega de parte de un inesperado pero inspirado Elton John. En 1973 George Lucas proyecta con inusitado éxito "American graffiti", su mejor película sin duda, que no es sino un homenaje a los años 50 y su música, y al año siguiente empieza a emitirse con éxito la serie de televisión "Días felices", una especie de continuación blanda de aquella. Llegan más films: "La historia de Buddy holly", "The Lords of Flatbush", "American hot wax"... y viendo que hay mercado, viejas glorias del género se animan a volver de sus retiros, como es el caso de Bill Haley, que desde 1975 reaparece en las listas de éxitos re-grabando sus viejos temas, el mismo año en que John Lennon publica su álbum  de versiones de clásicos, "Rock & Roll". En 1977, en medio de la revolución punk que amenazaba todo esto, muere Elvis y el rockabilly recibe un nuevo empujón gracias a reediciones de sus viejos temas, la proyección de sus viejas películas, homenajes discográficos (como el disco "Elvis", de Eddie-Karr) y el florecimiento de imitadores por doquier, algunos de ellos con cierta originalidad y temas propios, como Kim Leonard. Aparece justo en eses momentos el que algunos consideran una especie de reencarnación de El Rey, Robert Gordon. Este rocker de enorme tupé y mayor voz representa todas las características del rockabilly clásico, recuperando viejos temas, famosos y oscuros, pero aportandole un toque más moderno gracias en parte, y de forma paradójica, a la distorsionada guitarra de un veterano rocker de los años 50, Link Wray. Es ahora, desde su primer disco (1977), que nace la edad de plata del rockabilly, llamada neo-rockabilly (neo-billy en Estados Unidos) por muchos para diferenciar esta etapa, con evidentes influencias del punk y el glam (grandeee "Crazy little thing called love" de Queen) en muchos de sus representantes, de la tradicional. Paralelamente, en Europa apareció la figura, algo más comercial, de Shakin´ Stevens (Crazy Cavan & the Rhythm Rockers habían estado dando la tabarra todo este teimpo pero de forma muy minoritaria) y la fiebre rockabilly se expande por el mundo, apareciendo toda una nueva generación de rockers. Aparecen más películas sobre el tema, como "Grease" (1978), pero hasta este momento, si exceptuamos los citados Creedence y las otras excepciones concretas, todo el revivalismo del género se basa en eso, viejos temas regrabados, re-ediciones o nuevas obras de antiguos artistas de los 50. Es a partir de 1979 que nuevas bandas de calidad, autoras de sus propios temas y con una personalidad propia de hacer rockabilly, aparecen en casi en cada país civilizado. Son Matchbox en Gran Bretaña, The Boppers en Suecia, The Blasters en Estados Unidos, o Los Rebeldes en España, por citar algunos, todos ellos de gran éxito. Los años 80 serán prolíficos en películas ("The idolmaker", "Calles de fuego", "Peggy Sue se casó", "La Bamba", "Gran bola de fuego", "The loveless", "Taberna salvaje"...etc), buenas canciones y grandes bandas, pero destaca entre todas estas una que se ha convertido en el prototipo de neo-rockabilly por su energía e imagen cercana en ocasiones al punk: Stray Cats. La proliferación de festivales y la recuperación para los escenarios y los estudios de grabación de viejas glorias del rockabilly convertirían los años 80 en una década mítica para sus seguidores, con gran seguimiento por parte de los medios de comunicación y el esperado aprovechamiento comercial por parte de las grandes compañías (llegando a haber secciones en los grandes almacenes y catálogos para ropa rockabilly). Pero el apoyo institucional y de los medios a este movimiento, en origen espontaneo, tenía los días contados y, de nuevo, a principios de los años 90 el revivalismo rockablly había practicamente desaparecido del mapa y el 99% de los rockers abducidos a algún planeta desconocido. Hoy día el movimiento rockabilly (o rockin´, como tiende a llamársele ahora) sobrevive gracias a muy buenos festivales y fieles aficionados, de forma totalmente underground, alejado de los medios de comunicación y ante el más absoluto desconocimiento del gran público de frágil memoria y pocas luces.