jueves, 2 de mayo de 2013

"All shook up" (Shelley Pearsall, 2008)

 
A todos nos puede pasar: una portada con discos, atractivos colores y el rey del rock and roll, buen diseño interior, ganas de empezar a leer de nuevo, y una donación de libros gratuitos... Me está bien empleado por no hacer caso a Bo Diddley y su "No puedes juzgar un libro por su portada" (aunque supongo que en aquel caso se refería a sí mismo), pero como aun me queda algo de corazón, escribo esto como aviso para navegantes. El título, una canción de Elvis, esconde de manera artera una novelita tonta para púberes que se quieran iniciar en la lectura. La cosa trata de un insoportable adolescente que debe marcharse a vivir con su padre, al que no ve hace tiempo,  que ahora se ha convertido en imitador de Elvis para vergüenza de aquel. La escritora ha indagado y se ha empapado del mundo de los imitadores de Presley, mostrándonos a la más mínima sus conocimientos, bastante superficiales de todas formas, de la vida del más grande, pero el resultado general es pasmosamente malo para una autora que ha escrito varios libros premiados. Para empezar demuestra una falta de conocimentos absoluta del pensamiento masculino. Su intento de ponerse en la piel de un chico adolescente (a no ser que sea gay, cosa que no se insinua en ningún momento en el libro) resulta un fracaso absoluto. De hecho, ante la ambigüedad de los nombres estadounidenses (un tipo como John Wayne puede llamarse realmente Marion, y una chica puede llamarse Josh, por ejemplo) y su falta de artículos de género, tardé más de medio libro en darme cuenta que el protagonista y narrador era un muchacho, y no una chica como yo daba por hecho. Sus preocupaciones, su forma de hablar y comportarse, ese fijarse en lo que visten los demás y mil cosas más no son propios de un tipo de su edad, por más imbécil y odioso que nos resulte. Al padre parecía que empezaba a irle bien en su carrera de imitador, pero no pude leer más semejante bodrio y le regalé el libro a una niña negra, muy inteligente, pero rara como ella sola. Seguro que le encuentra alguna utilidad, aunque sea para poner solución a una mesa que está coja.

El mundo de los imitadores de Elvis