sábado, 2 de febrero de 2013

Graceland

En el terreno en lo que hoy conocemos como Graceland hubo originalmente una granja y unos talleres de curtido de pieles en las afueras del Memphis (Tennessee, Estados Unidos) de finales del siglo XIX, propiedad del editor de un importante periódico local, S.C.Toof. Cuando su hija Grace heredó la granja se denominó a esas tierras Graceland. Cuando, a su vez, las heredó su sobrina Ruth y esta se casó con el doctor Thomas Moore, el matrimonio mandó construir el palecete con porche de columnas que podemos ver hoy, de estilo neo-colonial, en 1939. Cuando el vecino Elvis Presley empezó a adquirir fama y fortuna en 1956 se compró una bonita casa para él, sus padres y su abuela en el 1034 de Audobon Drive, pero pronto todas las expectativas de popularidad se desbordaron y fans y periodistas hicieron imposible que pudieran vivir allí en paz, ni ellos ni el vecindario. De tal modo que Elvis resolvió comprár Graceland en 1957, muy alejada del centro, casi en medio de la nada, donde resultase al menos incómodo ir allí a incordiar. Para ello tuvo que poner una valla de piedra (no muy alta realmente, para evitar cualquier tipo de sensación de enclaustramiento) y una verja en la puerta, de hierro forjado con notas musicales y él tocando la guitarra, todo un símbolo en si hoy día. También construyó una piscina y una pista de squash, aparte de hacer otras modificaciones, como hacer más cuartos de baño, despachos, etc... Lo de la fuente de Pepsi-Cola (su bebida favorita) es un mito basado en ciertos datos ciertos. Elvis quería provisión de Pepsi constante y para ello la marca le instaló en la cocina un grifo, hoy tan habitual en los restaurantes de comida rápida y bares estadounidenses, pero entonces toda una innovación fuera del alcance de los simples mortales. Sí es verídico el salón de televisión con tres aparatos a un tiempo (que parecen más, por el efcto que producen los espejos que envuelven la habitación) y bar. Hoy día no parece un exceso tan descabellado teniendo en cuenta algunas casas en las que no es extraño ver, en la misma habitación, una persona viendo la tele, dos en sus ordenadores y el niño con la mini-consola. De todas formas sorprenderá al visitante la relativa humildad y no excesivo tamaño de la casa, al menos comparándola con las que han construido políticos, jerarcas y otros artistas sin ningún mérito para ello. Cuando su madre murió, en 1958, Elvis empezó a hacer cambios, enfocando la casa más hacia las fiestas que hacia otra cosa, con sala de billar, barras americanas, salón de juegos y la famosa jungle room. Cuando Priscilla, luego su mujer, se trasladó a vivir allí definitivamente, redecoró la casa, pero los mayores cambios llegaron con el nacimiento de Lisa Marie en 1968, enfocando todo un poco más hacia la felicidad de la niña y su bienestar, incluyendo una gigantesca cama-casa en su dormitario del piso superior. Cuando en los años 70 Priscilla se fue, la nueva novia de Elvis, Linda Thompson decoró la casa con un estilo mucho más recargado a veces, y otras con un diseño chocante, algo que a muchos puede parecer hortera visto hoy, pero hay que mirarse el ombligo y recordar como eran nuestras casas en los años 70 (sacad los viejos álbumes de fotos). Presley también instaló un estudio de grabación. Curiosamente durante este tiempo y a pesar de la calidad de mito viviente del principal inquilino de la finca, la seguridad era tan baja como la valla, y gente como Jerry Lee Lewis o Bruce Springsteen, entre otros esquizoides, intentaron asaltarla. Presley convirtió los talleres en caseta de tiro y se aficionó a las armas, pero por fortuna no se vio obligado a matar a ningún intruso. Elvis murió en el cuarto de baño de su habitación del piso superior en 1977 pasando la propiedad en herencia a su hija de nueve años Lisa Marie. Después de que alguien intentase robar su cuerpo de su tumba original, su padre Vernon resolvió enterrarlo en el jardín, junto a su madre y su abuela (y una placa rememorando a su hermano gemelo fallecido, Jesse, aunque él no está aquí) -cuando Vernon fallezca unos años después también sera enterrado allí- en lo que hoy día se conocen como Los Jardines de la Meditación. Para sorpresa de muchos la generosidad con los desfavorecidos del Rey le había dejado casi en bancarrota, así que Priscilla, como testaferro de Lisa Marie, decidió abrir Graceland al público en 1982 (lo único que no se puede visitar es el piso superior, que está tal cual quedó cuando Elvis murió), demostrando grandes dotes para los negocios al crear además alrededor todo un parque temático sobre Elvis e infinidad de productos y recuerdos de la marca Elvis Presley Enterprises, que han convertido en multi-millonaria a Lisa Marie. Entre estos museos elvisianos (al otro lado de la calle) están el de coches (con el Cadillac rosa que regaló a su madre, que no sabía conducir) o el de aviones, con su famoso jet privado "Lisa Marie", con televisión y cama extra-grande incluidas. Aunque la realidad es que la mayoría de ellos no son más que una encerrona sin salida para llevarte a las tiendas de recuerdos. La entrada a Graceland no es demasiado cara para lo que representa, variando el precio entre una sencilla, la entrada platinum (con acceso a todos los museos) y una VIP para eventos especiales. Solo un gran pero a la labor de Priscilla en este aspecto: Haber convertido la cancha de squash en una exhibición de sus trajes de los años 70 en vez de dejarla como estaba. El resto de su vestuario más emblematico se puede ver en la sala de trofeos del interior de Graceland. Hoy en día, debido al crecimiento demográfico y la atracción que el edificio tiene (declarado Patrimonio Histórico Nacional) Graceland ya no es una edificación solitaria, sino que se encuentra al final del feo y sórdido Elvis Presley Boulevard. Si no dispones de coche haz una visita previa a los estudios Sun (vease), desde donde un mini-bus te llevará hasta allí de forma gratuita (si has pagado la entrada en Sun, claro). Para disfrutar dell momento no se te ocurra ir en su cumpleaños (8 de enero) ni cerca del aniversario de su muerte (16 de agosto) pues las aglomeraciones te fastidiaran la visita. En temporada baja serás feliz rindiendo homenaje al más grande músico de todos los tiempos. En la acera de enfrente hay un "Heartbreak Hotel" (en la calle Soledad), solo para incondicionales absolutos.

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