viernes, 4 de octubre de 2013

High School

 Buenos estudiantes del Instituto Minden en 1953.

Cuando el rockabilly explotó y triunfó en la segunda mitad de los años 50, fue visto como una amenaza por parte de padres y educadores por sus letras y ritmos llenos de sensualidad y rebeldía. Pero también fue visto como una tremenda oportunidad para hacer negocio por parte de productores y empresarios. Solo había que suavizar letras (haciendolas casi todas bobadas románticas) y ritmos, comvirtiendo ese rock & roll en algo inofensivo a los oidos, y cambiar la imagen de sus cantantes a la de uno de esos chicos de instituto (high school), ídolos del deporte, que todo padre querría tener como hijo o yerno. Si encima eran guapos, tenían garantizado un público femenino adolescente ávido de un guaperas al que adorar, aunque fuera platónicamente, Y a ello se lanzó la empresa discográfica desde finales de los años 50, a crear guapos teen-idols (idolos de adolescentes, vease su propia entrada) como churros, muy jóvenes y fáciles de manejar. Con unas letras edulcoradas, sin decir nada altisonante, con un ritmo atenuado y nada frenético, y con una imagen de buen estudiante y deportista de instituto (de ahí el nombre del sub-género) el mercado se llenó de este nuevo estilo de rock & roll y terminó con el rockabilly durante décadas. No por ello faltaron muy buenas canciones e intérpretes del estilo, pero el espíritu original del rock & roll se había perdido en gran parte. Luego, con la llegada del mersey beat británico, liderado por los Beatles, a principios de los años 60, el sub-estilo high school quedó barrido del mapa totalmente, quedando hasta hoy relegado a los festivales nostálgicos. Hoy día en los institutos estadounidenses solo se oye basura. Paul Anka dispuesto a pedir la mano de Diana si hace falta.