miércoles, 4 de mayo de 2011

"Carretera asfaltada en dos direcciones" (Monte Hellman, 1971)

Inmersa en la época del desencanto hippy, donde no todo era paz y amor, donde también había violencia psicópata (Manson y su familia hippy habían sembrado el terror en California haciendo mucho daño a la imagen pacífica del movimiento) y mucho egoismo, tal y como señaló el camino en el cine "Easy rider" solo dos años antes, "Carretera asfaltada en dos direcciones" sigue esa pauta de mostrarnos una juventud nortemericana desencantada de todo y sin rumbo en sus vidas. Pero aquí el movimiento hippy, totalmente en decadencia, no es el protagonista tal como uno de los personajes se apresura a negar cuando un amenazante hillbilly del medio oeste norteamericano les pregunta: "¿Vosotros no sereis hippys, no?" (la imagen reaccionaria que se da de esa parte de Estados Unidos, concretamente de Arkansas, no puede ser más ofensiva. En otra ocasión uno dice "Esta parte del país me pone nervioso"). Se trata más bien de una buena broma del film, difícil de pillar por los no muy fanáticos del tema, sobre todo de fuera de Estados Unidos, ya que se la formula nada menos que a James Taylor, que había tenido el descaro de mezclar el ultraconservador country con el pacifista folk, y al Beach Boy Dennis Wilson, que había estado incluso mezclado con la secta Manson. Fuera de esta graciosa anécdota y del retrato de esta época decadente en los EE.UU. que fueron los años 70, los verdaderos protagonistas de esta road movie son los coches, y por si hubiera alguna duda obsérvese que aparecen acreditados en los títulos como si fuesen un actor más. El film narra el discurrir de dos amigos, los mencionados Taylor y Wilson (de los que nunca se menciona el nombre de sus personajes), que se ganan la vida recorriendo el país disputando carreras ilegales en su Chevrolet trucado del 55 (el cual, por cierto, sería usado años después en "American grafitti"). Su vida a bordo es miserable y monótona, incluso han prescindido de cualquier comodidad en el auto para aligerarlo de peso y que así corra más. Finalmente, una chica (interpretada por la joven debutante Laurie Bird, reciente novia del director Monte Hellman) a la que recogen cambiará ligeramente sus vidas, así como la de otro piloto al que retan a una larga carrera a traves del país. Este personaje, interpretado magistralmente por el único actor realmente profesional de film, Warren Oates, es un obseso de los coches que conduce un Pontiac GTO Jet 455 de 1970 y al que gusta el rock & roll clásico y el rockabilly ("Maybelline" de Chuck Berry, "Peace in the valley", o "Stealin´" de Arlo Guthrie), elaborado contraste con sus rivales, más aficionados a al folk y a la psicodelia de los 70 ("Moonlight drive" de The Doors o "Satisfaction" de Rolling Stones), pues coches y gustos musicales están cambiados en cuanto a décadas de producción. La banda sonora, por cierto, la completan temas que no pueden identificarse claramente con unos u otros cuando se encuentran en escenarios neutrales. Así suena el "Me and Bobby McGee" de Kris Kristoferson en la parada de ambos coches en la gasolinera o una desconocida versión del "Hit the road Jack" durante el almuerzo en un diner de carretera. El interesante rol de Oates es el de un hombre frustrado, con un pasado roto, un solitario cuya única ilusión es recoger auto-estopistas para contarles batallitas que no son sino patéticas y evidentes fantasmadas que solo vive en su imaginación. Aprovechándose de la excusa, Hellman (que hace aquí su mejor obra, sin duda), introduce a todo un muestrario de colgados y locos, que son lo que eran, y son, los auto-estopistas (me incluyo. Y los que nos cojían, tambien). La tristeza envuelve todo el film, los objetivos de los protagonistas, a muy corto plazo, los resume el personaje de Oates cuando sentencia: "No importa donde, solo hay que tener tiempo para emborracharse de vez en cuando". Para los otros tal vez ni siquiera eso, solo correr o mejor, como en el caso de la chica, huir de no se sabe qué ni hacia donde. Y lo malo es que, aunque disfrutemos de la película, la tristeza nos envuelve a nosotros también por la maestría con la que Hellman nos inmiscuye en el relato, filmando desde el asiento trasero de los coches, o desde el del copiloto, oyendo solo el ruido del motor, del asfalto, del salpicadero o de la radio (sensacional banda sonora, ya citada antes), sin más perturbaciones, respetando los silencios de las largas conducciones y haciéndonos sentir estar dentro de una carrera contra un hot-rod Ford 4200 de 1953, como es el caso. Esta inmersión en la trama del espectador llega a su paroxismo en la escena de la carrera final, donde el silencio y la camara lenta son clara muestra de la ensordecedora y ralentizada llegada de la muerte, mostrada con elegancia no con un espectacular accidente recreado por unos especialistas, sino por la significativa quema de la cinta. La muerte perseguiría a los protagonistas del film una vez terminado el rodaje también, aparte de que todos, excepto Oates claro, renegaron de la interpretación. Todos sabemos de la muerte de nuestro querido Beach Boy Dennis Wilson, ahogándose en la playa siendo muy joven, pero aun más trágico fue el destino de la maravillosa Laurie Bird, que después de sorprender a propios y extraños aquí (y en "Annie Hall", de Woody Allen) se dedicaría a la fotografía un tiempo antes de suicidarse en casa de su nuevo novio, el cantante Art Garfunkel, cuando solo tenía 25 años. Este le dedicó su álbum "Scissors cut", mostrando un mal gusto a la hora de titularlo bastante extraño en un tipo de su sensibilidad ("Corte de tijeras". Solo imaginad como se quitó la vida).

Bueno, el trailer es una auténtica mierda.

2 comentarios:

sebas dijo...

Gran articulo, como siempre, y muy sutil el comentario bajo el video jajaja

Jesus el Rocker dijo...

Si, si. Bueno, olvidaba decir que el doblaje de la versión en español también lo es.
Un abrazo Sebas.