lunes, 1 de febrero de 2010

Groupie

Hasta un tipo no especialmente atractivo como Joey Ramone puede hincharse si es estrella de rock.

Una groupie es una chica que gusta de rondar a los artistas de rock con la intención de acostarse con ellos. En el mejor de los casos se trata de una mera atracción sexual basada en el morbo que les da el placer de retozar con el lado animal masculino que representa el rock & roll y la latente sensualidad que desprenden en el escenario (cuando esos mismos hombres no eran músicos esas mismas muchachas no les hacían el menor caso. Sin rencores, para la mayoría de los rockeros esas chicas no son más que de usar y tirar). Pero lamentablemente la mayoría de las groupies pretenden algo más, unas veces vivir a cuenta del alto nivel de vida de esos artistas o sufragarse sus vicios, otras hacerse famosas aireando sus trapos sucios, otras iniciar su propia carrera artística a la sombra de los músicos cuando no todas esas cosas a la vez. Y es que, invariablemente y con solo unas honrosas excepciones, suelen ser mujeres sin el suficiente talento como para triunfar por si mismas, siendo el exponente más repugnante de este mundillo satélite del rock aquellas cuyas madres sirven de alcahuetas y pseudo-managers para elevar a sus bellas y desaprovechadas hijas en el status social, sin importarles hasta que punto deban rebajarse. Antecedentes ha habido desde que alguien con poder y fama pudiera enchufar en un buen puesto a alguna muchacha bonita sin demasiados escrúpulos pero fue la popularización mundial del cine lo que llevó a miles de chicas a los estudios dispuestas a hacer casi cualquier cosa con tal de prosperar en la industria, siendo conocidas entonces como starlettes. Sin embargo si nos ceñimos al mundo de la música fueron los grandes crooners de los años 40 los que empezaron a atraer como moscas a jovencitas con las que se acostaban a base de promesas, cumplieranlas o no, siendo legendario en este campo el curriculum de tipos de la calaña de Frank Sinatra. Para la creatividad artistica esas hordas putiféricas no deberían hacer mucho mal siempre y cuando se limitaran al sexo pero ya en los albores del rock & roll tendieron a inmiscuirse en sus carreras. Así Audrey Mae Shepard se casó con la estrella Hank Williams para que la dejase actuar con él y para exprimirlo como a un limón, algo que cuando hizo le abandonó sumiéndole en la desesperación que finalmente le llevó a tumba en 1952. Lo primeros rockers tampoco se libraron de estas frescales (llamadas entonces coge-estrellas, reinas o, en España, trepas) que, ante el estupor de la beata sociedad norteamericana de los años 50, iban a los conciertos a pedirle un hijo a los cantantes y a esperarles a la puerta de los camerinos para retozar en el tálamo del hotel en el que se alojaran. Elvis ya desde los primeros momentos fue un número uno en este aspecto también, gustándole sobre todo llevarse muchachas de dos en dos. Aunque sorprenda a alguien, su famosa mujer Priscilla no era más que otra groupie, con el agravante de que tenía solo 14 años y sus padres dieron su bendición a la relación. Al menos fue inteligente y continuó su carrera de éxitos al casarse con ella (eso si, centenares de aspirantes a actriz pasaron por su catre con la esperanza de hacerse famosas o, por qué no, simplemente para echar un casquete) pero a otros de los grandes pioneros del rock les arruinó su carrera. Fue el caso de maestros como Chuck Berry, Curtis Lee (que acabaría casándose con la presidenta de su club de fans) o los integrantes maculinos de los Platters, cojidos in fraganti en una habitación de hotel fumando porros con algunas de ellas. Caso aparte es el de Sharon Sheeley, guapa trepa acosadora de Elvis primero y que luego se hizo novia de Ricky Nelson y de Eddie Cochran. Sheeley, que también quería triunfar como cantante, no fue destructiva sino todo lo contrario, componiendo algunas de las mejores canciones de estos dos astros y aportando cierta estabilidad a sus vidas. Cuando en los años 60 los cantantes solistas cedieron terreno a las grandes bandas, esencialmente británicas, pasó a llamarse a estas acompañantes femeninas "chicas del grupo" y luego abreviativamente groupies (group = grupo). Es curioso que (salvo espectaculares excepciones como la banda de cazadoras llamadas las "plasters casters") durante esta década las más famosas fueran muchachas de buena familia en busca de sensaciones fuertes en primera instancia, tal es el caso de Linda Eastman (hija de un famosísimo abogado) que luego acabó con Paul McCartney, de Patty Boyd, de Yoko Ono que para publicitar su ridículo y malo arte conceptual no dudó en relacionarse con John Lennon, de Britt Ekland, que estuvo con Peter Sellers, Rod Stewart y ya en los años 80 con el batería de Stray Cats Slim Jim Phantom, o el caso más espectacular, el de Margaret Trudeau, la bellísima mujer del primer ministro canadiense a la que se cepillaron todos los Rolling Stones. Los años 70 fueron la edad dorada de las groupies, por una parte llevando el hedonismo a cotas nunca antes vistas gracias al abuso no solo del sexo sino de las drogas y el alcohol (los Who tuvieron que auto-prohibirse las groupies después de que una de ellas encargase en drogas los miles de dólares que habían ganado en un concierto) cuyo máximos exponentes fueron "las chicas de la liga voladora", un grupo de sadomasoquistas, y Nancy Spungen (novia del bajista de Sex Pistols Sid Vicious, yonqui que murió asesinada por él) y por otra alcanzado cotas de desvergüenza que solo rivalizaban con la inmensa fama que cosecharon y, en ocasiones, ínfulas de respetabilidad como en el caso de la mujer de Frank Zappa, Anita Pallenberg, a la que se pasaron por la piedra todos los Rolling Stones y por la que se suicidó en su casa un adolescente y, posiblemente, Brian Jones, la astuta amante de Brian Ferry y David Bowie Amanda Lear (que proclamando falsamente que era un hombre se convirtió en una celebridad de la música disco), la hermosa niña de 13 años Mandy Smith a la cual su ambiciosa madre arrojó en los brazos del Rolling Stone Bill Wyman, Bebe Buell, en cuyo curriculum están Rod Stewart y Elvis Costello entre otros, Marianne Faithfull que después de tirarse a todos los Rolling Stones inició una exitosa carrera como cantante, Devon, groupie de los Rolling y luego amante de Jimmy Hendrix que se suicidó mediante sobredosis cuando este murió, o Bianca Jagger (los Rolling han sido especialmente estúpidos en este sentido pues siempre estas chicas les han sacado los cuartos dejándoles varias veces en la ruina)... son las llamadas super-groupies. Muchas veces resultaban de gran ayuda para soportar las agotadoras giras, no solo por las prestaciones sexuales sino porque ayudaban practicamente en todo, desde traer un café a cocinar algo, haciéndoles sentir como en casa, pero otras se volvían un verdadero incordio que podía hasta desembocar en demandas de paternidad. Hoy en día las chicas que van a la caza del famoso no en busca solo de sexo sino de poder, riqueza y fama es un fenómeno tan extendido a todos los ámbitos de la sociedad que parece diluirse y se tienden a perdonar por ciertos sectores elitistas y pelotas. En España tenemos ejemplos de sobra conocidos en la literatura, el gobierno y el deporte como parar un tren. Casos como el de Marina Castaño, Leticia Ortiz y todas las mujeres de los futbolistas del Real Madrid rozan la prostitución de semi-lujo pero sin la frescura y las simples y sinceras ganas de diversión de las primeras groupies que tanto hicieron por hacer la vida más llevadera a nuestros queridos primeros rockeros. Buenas películas como el documental "Groupie" o la semi-biográfica de Led Zeppelin "Almost famous" tratan sobre este fenómeno en el rock & roll.

Comienzo de la película "Groupie girl", de 1970.