domingo, 26 de octubre de 2014

"Joey" (Joseph Ellison, 1986)

Producto cinematográfico perteneciente al sub-género de cine para adolescentes que ni de lejos alcanza un mínimo nivel para catalogarlo como séptimo arte. La dirección y el montaje parece obra de aficionados, las interpretaciones son, como poco, mediocres, y el argumento es solo una excusa con un guión que, apostaría, es totalmente improvisado. No veo sino un torpe intento para lanzar al estrellato a uno más de esos jóvenes actores guaperas de los años 80, en este caso Neill Barry, que se quedaron por el camino. Y digo torpe por no ser cruel, algo que no seré al ser consciente del bajo presupuesto del que disponían. A pesar de presentarse como una comedieta adolescente, con sexo, bromas y rock & roll (lo cual entraña ciertas posibilidades comerciales), cualquier púber se sentiría totalmente decepcionado a no ser que pensase echar una cabezadita en el cine. Neill, el Joey del título, ni siquiera tiene un papel tan protagonista como para poder destacar y para colmo de males y desconcierto del público, "Joey" acababa de ser una película de fantasía de cierto éxito tan solo el año anterior (¿Pretendían establecer una asociación de ideas entre el Joey del film y el mito Joey Ramone? Viendo la cartelera, tal parece). Eso sí, como documento histórico musical ya es otro cantar, convirtiéndose sin duda en el gran hito cinematográfico para los amantes del du-duá. Y es en este aspecto que el director (al que afortunadamente no dejaron ponerse nunca más detrás de una cámara) lanza toda su artillería pesada, con una excelente banda sonora (pero estropeada en parte por un sonido pésimo), haciendo constantes guiños a los entendidos en el tema y consiguiendo que aparezcan en la cinta algunos grupos míticos. Ello fue posible gracias a un acuerdo por el cual se le permitió filmar, a veces como si de un documental se tratase, durante los ensayos y el estreno final del Royal New York Doo-Wopp Show que tuvo lugar en 1985 en el mítico Radio City Music Hall de Nueva York. El argumento gira en torno a los problemas generacionales de Joey, un adolescente con una banda de rock guitarrero, y su padre, que en tiempos era el líder del grupo de du-duá de cierto éxito Joey King & the Delsonics. Ahora es un borrachuzo amargado por la pérdida de tiempos mejores que rige un taller donde tiene empleados a dos de sus viejos Delsonics. Su amor por el doo-wop no ha mermado con los años, todo lo contrario, y lo escucha en el coche ("Boy from New York City", de Los Ad-Libs, a los que podemos ver interpretándola) y el trabajo ("Let´s go, let´s go, let´s go", de Hank Ballard & the Midnighters, "Since I don´t have you, de The Skyliners, y "You can do it", de Doug Witt). Quizá por eso se lleve mal con su hijo, al no entender la música que hace. Lo que no sabe es que el joven Joey también conoce (segura e inadvertidamente a través de él) y respeta el du-duá, y se presenta con su banda a las audiciones del show del género para conseguir trabajo como conjunto oficial de acompañamiento. Allí, en los ensayos, tendremos ocasión de ver y oir a The Limelight ("Daddy´s home"), The Teenagers ("Why do fools fall in love?" con una cantante femenina para suplir las agudas voces de Frankie Lymon), The Elegants ("Little Star") y una impagable versión rock-horror que del "I put spell on you" hace el gran Screamin´ Jay Hawkins. Al grupo de Joey se le hace una prueba acompañando al grupo vocal de Vito Balsamo mientras cantan "Unchained melody", y se produce uno de esos momentos mágicos e irrepetibles en el mundo de la música, fusionándose con acierto el doo-wop clásico con el nuevo rock estridente de los chicos en los dos minutos más brillantes del film. Por supuesto son contratados pero ahí no terminarán los problemas del chico, acosado por una pandilla de estúpidos malos enfundados en beisboleras que parecen sacados de los años 50, Los Lunáticos, no aceptado por la familia de su novia y perseguido por la policía por un intento de robo del que es inocente. Esta persecución, en su instituto, da lugar a la escena cómica con menos gracia de la Historia del cine, aunque por fortuna está amenizada por la versión del "Surfin´ bird" que hicieron Los Ramones. Sutilmente se nos hacen algunos guiños sobre las diferencias generacionales. Así, mientras Joey padre conduce un Cadillac Eldorado de los años 50, la banda del hijo lleva una furgoneta Bigfoot (paradigma del horterismo de los 80); mientras la matrícula personalizada de los amigos del padre reza "Doo-wopps", en la de la furgoneta se lee "Arrive Stoned", en momentos casi subliminales. Sin embargo, ni por asomo los chicos oyen mala música, llevando en la casette de su vehículo siempre al grupo de rockabilly The Polecats ("Make a circuit with me" y "Jeepster") o poniendo en la gramola del bar el "Rock and roll is king", de la Electric Light Orchestra. Es decir, su gusto no es malo, solo ha evolucionado con los tiempos, no como los del padre. Aun así, cuando los chicos tocan, lo que hacen es ese rock-pop con ínfulas de dureza pero irrelevante, hortera e inane, de lo peor de su década: "Joey in the rain", "Play the show" y "Tonight all night" (esta última durante los títulos de crédito finales). No mucho mejor es la aportación del hoy olvidado grupo Scandal ("Goodbye to you" y "Love´s got a line on you"), desconcertante "El lago de los cisnes" (Chaikovski) durante la escena romántica, y apenas inaudible una versión del "Wipe out" por The Safaris, sí, The Safaris. Y mucho, mucho más du-duá de música de fondo, oyéndose incluso en la radio de la comisaría: "You belong to me" (The Dupress), "Little girl of mine" (The Cleftones), "Searchin´" (The Coasters), "Rip Van Winkle" (The Devotions)... Al final todo se arreglará de forma precipitada y artificial en aras de un final feliz que tendrá su apoteosís en el gran show doo-wop. Allí, después de que The Silhouettes canten su mítico "Get a job", el director del evento y maestro de ceremonias Frankie Lanziano (que había sido integrante de Los Montereys) invita a subir al escenario a Joey padre, que solo había ido a ver tocar a su hijo. Joey King & the Delsonics (que en realidad son el grupo neoyorquino de du-duá de los 80 Yesterday´s Today) hacen enloquecer al público con la mediocre "Moonlight love" y padre e hijo demuestran que pueden triunfar juntos en el mismo escenario y ante el mismo público. Solo apta para irredentos amantes del du-dua.


Ni siquiera el anuncio es divertido, lo cual es grave.