martes, 6 de enero de 2009

Perry Smith (Huntington Valley, 1928 - Lansing, 1965)

Hijo de un acróbata de rodeo y de una india cherokee, al año de nacido se trasladaron a Alaska donde su padre se dedicó a destilar whisky ilegal para sobrevivir. La madre, harta de miseria y abusos del marido, decidió abandonar a este con sus cuatro hijos y establecerse en San Francisco. Pero alcoholizada no podía mantenerlos así que los dió en adopción en diversos orfanatos, pero en todos odiaban a Perry por mearse en la cama y por mestizo. Ante la imposibilidad de colocarlo y cuando su madre murió ahogada en su propio vómito el niño fue devuelto al padre que lo llevó en una caravana por todo el país durante seis años para finalmente establecerse en Alaska. Con 16 años se pelea con su padre y se alista en la marina mercante primero y en la de guerra despues, participando en la guerra de Corea, en la que sería condecorado. Allí es donde se aficiona a tocar la guitarra al ritmo de los nuevos estilos que inundan el mercado y que tratan de entretener sin parar a los castigados soldados destinados allí. En 1952 se licencía y, trás trabajar como mecánico en Washington, se compra una moto con la que recorrer el país para ir a ver a su padre a Alaska. De camino sufre un grave accidente que le lesiona las piernas gravemente y, por una mala rehabilitación, se le quedarán doloridas y torcidas para siempre, lo que sumado a su baja estatura le darán un aspecto algo grotesco. Frustrados sus planes de reconciliación con su padre intenta dedicarse a la música, arte para el que no tiene aptitudes. Aun así ama el rock and roll y sueña con convertirse en una estrella del género, la estética rocker ya la tenía pues la adoptó en sus tiempos de motorista. Azuzado por la miseria se dedica a robar en diversos estados por lo que es detenido por el FBI y encarcelado en la prisión de Lansing, en Kansas. La tragedia de la familia Smith alcanzaba a esas alturas proporciones griegas pues los dos hermanos de Perry se suicidaron en esos meses. En la carcel conoce a otro joven, Dick Hickock (Kansas City, 1931) que le confía un secreto, otro preso llamado Floyd Welles le ha dicho que la familia Cuttler para la que trabajo en Holcomb, Kansas, guarda más de 10.000 dólares en la caja fuerte de su casa. Al salir de prisión los nuevos amigos deciden cometer el robo en casa de los Cuttler ya que parece un golpe facil pues se trata de una casa aislada habitada solo por el anciano matrimonio y sus dos hijos adolescentes. La noche del 15 de noviembre de 1959 entran en la casa armados con un cuchillo y una escopeta e inmovilizan a la familia. Frustrados cuando comprueban que la mítica caja fuerte no existe una psicopatía latente sale a relucir y Hickock se dispone a violar a la hija de los Cuttler. Para evitar esta aberración Perry comete otra: matarla. Luego, enloquecido pero muy tranquilo, mata a tiros o a cuchilladas a los demás miembros de la familia, todo para llevarse 40 dólares y una radio. La personalidad de Hickock parece la dominante en la teoría pero en la práctica siempre es Perry quién toma la iniciativa en una relación extraña en la que por separado no eran nada pero que juntos les convertía en un coctel explosivo. Decidieron huir a Méjico, con Perry aún pensando en convertirse en estrella del rock and roll (había compuesto algunas canciones bastante malas) pero cuando allí se les acabó el dinero decidieron volver a Estados Unidos. Allí la policía ya les estaba esperando porque Floyd Welles les había delatado, así que les detuvo en Las Vegas y Hickock se derrumbó rapidamente, confesándolo todo. Enviados de vuelta a Kansas son juzgados y condenados a muerte. Durante su espera en el corredor de la muerte el escritor Truman Capote se interesó en el caso, trabando una buena relación con los asesinos, sobre todo con Hickock que al parecer era homosexual como él. Despues de dos mil dias de espera llegó la noche de la ejecución y Perry, desesperado, suplicó a Capote que pidiera otra apelación pero este, que deseaba secretamente que los mataran ya de una vez (el caso le estaba costando la salud física y mental), lo ignoró al igual que ellos habían ignorado las súplicas de sus víctimas. Aun así, en el patibulo, Perry aun tuvo lucidez para decir una frase lapidaria: "me gustaría pedir perdón por lo que he hecho, pero ¿A quién?", en referencia a que no había dejado a nadie de la familia Cuttler con vida. Pasada la una de la madrugada del 14 de abril de 1965 los cuerpos de Hickock y Smith colgaban de una soga en el patio de la prisión de Lensing. Capote escribió su obra maestra "A sangre fria", una de las obras cumbres de la literatura norteamericana, sobre el caso y es imprescindible su lectura, del mismo modo que es imprescindible el visionado de la película homónima, basada en el libro, obra de Richard Brooks de 1967 que se filmó en los escenarios reales y que es tan espeluznante como el libro. Por cierto, el actor que interpreta a Perry, Robert Blake (más conocido luego por su papel en la serie "Baretta"), asesinó a su esposa en el año 2001 pero se libró de la carcel por una increible serie de errores judiciales, aunque está totalmente arruinado tanto económica como profesionalmente.

Pérez Abellán nos comenta el caso en su extinto programa "Criminales de la historia".