jueves, 19 de junio de 2008

"Regreso al futuro" (Robert Zemeckis, 1985)


En 1985 un científico loco inventa la máquina del tiempo (acoplada a un coche Ford modelo DeLorean) y parece ser asesinado por unos espias industriales. Para evitar correr la misma suerte el mejor amigo de aquel, el adolescente Marty McFly (interpretado por Michael J. Fox), huye en la máquina hasta 1955, en plena época de la inocencia y florecimiento económico estadounidense, previa eclosión del rock and roll. Hasta ahí todo sería perfecto sino llega a ser porque Marty interfiere, sin proponerselo, entre su madre y su padre y ello podría llevar a que él no naciera nunca. Es la clásica paradoja temporal, pero más paradójico resulta que un film sobre los años 50 no esté repleto de temas de esa época. A cambio, y desaprovechando una gran oportunidad única, se incluyen temas de las peores corrientes de los años 80 obra de los horteras Huey Lewis & the News. Lo malo es que un tipo con mucho mejor gusto musical, Eric Clapton, tampoco hace una aportación mejor con su anacrónico reggae "Heaven is one step away". Ni por esas estropean una película tan simpática y, gracias a Dios, alguién incluyó en la banda sonora varias canciones adecuadas a la época (escuchadas obre todo en la fiesta final): "Night train" (1951) y "Earth angel" (interpretada aquí para la ocasión por el ficticio grupo Marvin Berry & the Starlighters), "Mr. Sandman" de Pat Ballard, la infantil "The ballad of Davy Crockett" de Fess Parker y "Pledging my love" de Johnny Ace, todas estas grandes éxitos de 1954, y "The wallflower", de Etta James (1955). Son grandes canciones todas ellas, que apuntan la llegada del rock and roll de una u otra forma sin llegar a tocarlo. Normal. había que preparar la gran escena en la que McFly sube al escenario y toca y canta "Johnny B. Goode". Marvin Berry llama a su primo Chuck Berry, verdadero autor de la canción (y que no editaría hasta 1958), para que escuche aquello y le inspiré, en un nuevo ejemplo de paradoja del tiempo. El público se entusiasma, hasta que McFly se emociona y acaba haciendo un riff de heavy metal. Fuera de las anécdotas graciosas, la banda sonora y la ambientación la película tiene además, otras lecturas. Creo que la más evidente es la valoración del inocente mundo en el que vivía Estados Unidos en los años 50, comparada con la estupida prepotencial, representada por la actitud de McFly en ciertos momentos.
Las secuelas de esta película son tonterias son mucha gracia, quizá solo salvable sea la tercera parte, en la que McFly viaja al salvaje oeste con las situaciones graciosas que ello conlleva, haciéndose llamar, por ejemplo, Clint Eastwood, buscando impresionar a los parroquianos del saloon, pero obteniendo solo su hilaridad..


Michael J. Fox sirve en bandeja el "Johnny B. Goode" para que lo componga Chuck Berry.

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