jueves, 19 de junio de 2008

"Christine" (John Carpenter, 1983)

Detroit, la ciudad del motor, en 1957. La cadena de montaje del Plymouth Fury está trabajando a pleno rendimiento para sacar este espectacular último modelo de coche a principios de 1958. Uno de ellos luce pintado de rojo antes de tiempo y, gracias a que oimos el "Bad to the bone" (Malo hasta los huesos) de George Thorogod, sabemos que no es de fiar. Pero solo nosotros, los empleados no pueden oirla porque es una obra maestra del rock que no se compondría hasta 1982, un año antes de que esta película viera la luz. No les habría venido mal, en pocos minutos el coche machaca la mano de un operario por examinarle los bajos y asfixia a otro solo por echarle ceniza de su puro en la tapiceria, aun cubierta de plástico, mientras en su radio se escucha el "Not fade away" de Buddy Holly. Luego sabremos, de oidas, que su primer dueño (o uno de sus primeros dueños) bautiza al coche como Christine y se enamora de él (ella, más bien) completamente. Lo atípico del caso es que será un amor correspondido, y tan profundo que cuando Christine mate a su hija de cinco años él la seguirá conduciendo, hasta su muerte dentro de ella afixiado por el monóxido de carbono del tubo de escape. ¿Suicidio? Más bien crimen pasional. No estoy de acuerdo con quién lo interpreta como que el vehículo es una reencarnación del mal. Es una máquina psicópata y absorvente, prácticamente indestructible y a la que no puedes abandonar. El hermano del dueño, incapaz de desprenderse de ella (Christine siempre vuelve sola), la deja oxidarse en un solar. Pero en los años 80 el típico empollón de instituto, Arnie (interpretado por Keith Gordon), objeto de las crueles burlas de sus compañeros y del desprecio de las chicas, la compra y la repara con infinita paciencia y cariño. Lo que sigue es la repetición de la historia de amor anterior, dando cada uno todo al otro. Arnie reparandola, limpiándola y tratándola con infinito cariño, y Christine deshaciéndose de sus enemigos. Además le da empaque y seguridad al conducir semajante máquina, volviéndose un rocker apuesto y con éxito. Lo malo de todo este asunto es que Christine es terriblemente celosa y no le deja ni llevarse chicas al asiento trasero. Es una maquina de matar que se regenera sola y que termina por contagiar de su rabia asesina a su dueño. Es esta una película estadounidense basada en el libro homónimo de Stephen King y dirigida con destreza por uno de los grandes artesanos del cine de terror, John Carpenter. Otra buena noticia para nosotros, los espectadores de buen gusto, es que, tal y como adivinamos, la radio de Christine solo sintoniza música de rock & roll clásico de los años 50, que es su forma de hablar, pues con gran sentido del humor las letras expresan lo que Christine quiere decir en cada momento. Así oiremos "Pledging my love" (Johnny Ace), "Keep a-knocking" (Little Richard), "I wonder why" (Dion & the Belmonts), "Bony Moronie" (Larry Williams), "We belong together" (Robert & Johnny), "Rock & roll is here to stay" (Danny & the Juniors), "Come on, let´s go" (Ritchie Valens) o "Little Bitty pretty one" (Thurston Harris), lo cual hace exclamar a la aterrada protagonista femenina, al final del film, "¡Odio el rock and roll!". Como contrapunto, los coches de los años 80 que poseen los gamberros enemigos de Arnie sintonizan, por ejemplo, "Beast of burden" de los Rolling Stones). La banda sonora la completan una versión del "Runaway", por Bonnie Raitt, el "Harlem nocturne" de Los Viscounts, para una escena de regeneración o el "The name of the game" de ABBA. 

Anuncio de la peli (gracias a DMKaplan por los subtítulos)

1 comentario:

Anónimo dijo...

"...el olor de un coche nuevo es el mejor olor del mundo,junto con el olor a hembra,claro...",este comentario de la pelicula me marco para siempre y de vez en cuando lo suelo utilizar en algunas conversaciones.
La pelicula me gusto desde que la vi y no pare hasta conseguirla en video,el coche era una preciosidad y no recuerdo el numero de coches que destrozaron para conseguir rodarla segun una revista que hablaba de como se hizo,por cierto,y aunque siempre se ha dicho que es un Plymouth Fury,al parecer no es asi,se trata del modelo Belvedere pero creo que optaron por lo de Fury mas bien porque sonaba mejor,algo de eso lei tambien,no importa,ya me gustaria tener uno se llame como se llame.
Un saludo desde el Sur:
Tony